TODOS QUEREMOS SER FELICES

Actualizado: 16 de oct de 2019

Sin lugar a duda una de las metas que todos buscamos en la vida es tratar de ser felices, sin embargo para poder lograrlo debemos entender tres cosas. Primero que la felicidad no es la meta, segundo que la felicidad nos es permanente, y tercero que la vida la debemos vivir en presente.


Ahora vamos a desglosar estas tres ideas:


Empecemos por las metas. Como la palabra lo dice, la meta es el final de un camino recorrido, la meta es el objetivo y cuando el objetivo se consigue ya no hay nada que hacer pues todo está terminado. La felicidad esta en el camino y eso es algo en lo que debemos trabajar todos los días.



Ahora hablemos de la permanencia de la felicidad. ¿Por qué la felicidad no puede ser permanente? Bueno por que simplemente en este plano que nos ha tocado vivir nada es permanente, todo cambia, todo nace, todo muere, todo se transforma y eso es algo increíble pues nos da la oportunidad de experimentar emociones y las emociones son las que nos hacen ser humanos.

Imaginemos a nuestra vida como una gran esfera que debemos de llenar por completo y para eso tenemos dos alternativas: La podemos llenar de felicidad o la podemos llenar de tristeza. La única condición es que para poder mantener esa esfera llena todo el tiempo debemos de trabajar en mantener la felicidad activa la mayor parte del tiempo y durante todos los días de nuestra vida. Ah y para llenarla el universo (Dios) nos ha entregado con un gotero.


Con ese gotero que son los momentos y las experiencias de nuestra vida Mientras vamos a alimentar llenar nuestra esfera de felicidad., no le damos espacio a la tristeza. Pero con cada acción que nos aleje de la felicidad creamos entonces un vacío que le da cabida a la tristeza para apoderarse de un espacio de nuestra esfera.

Si lo pensamos de forma sencilla, la felicidad es la ausencia de la tristeza, así que nuestro trabajo es esforzarnos por vivir mayores periodos de felicidad que periodos de tristeza.


Para conseguirla tenemos que perseguirla continuamente y todo comienza con nuestros pensamientos. Es la mente la que genera el valor de las experiencias y en base a nuestra percepción de los eventos es que categorizamos las experiencias como positivas o negativas.

Recuerda siempre esta frase: No es el evento, es el pensamiento lo que te hace más o menos feliz. Lo que quiero decir es que la experiencia es solo eso…una experiencia y está en nosotros darle la categoría a cada evento que experimentamos a lo largo de nuestro camino.


Finalmente hablemos de la valoración del tiempo como herramienta para conseguir la felicidad. La mayoría de nosotros vivimos engañados por el pasado y el futuro. El pasado nos ancla a los recuerdos negativos pues regularmente tendemos a recordar más las experiencias negativas. Y hacemos eso como un mecanismo de auto defensa y aprendizaje para tratar de evitar lo que en algún momento nos hizo daño. Al mismo tiempo, el pasado nos hace pensar que lo que ya no existe fue mejor. Comenzamos a añorar las cosas y distorsionamos nuestros recuerdos. EA este fenómeno se le llama memoria ilusoria, y lo que hace es llevarnos a adornar y confundir nuestros recuerdos para hacerlos mejores de lo que realmente fueron.

Los recuerdos nos dan la esperanza de que el mañana será mejor, nos alejan del presente y nos atrapan en un futuro ilusorio donde nos imaginamos que cuando despertemos todo será mejor, bajaremos el sobre peso que tenemos, conseguiremos a la pareja de nuestros sueños, seremos millonarios y nos sacaremos la lotería. ¿Y mientras tanto en el presente que hacemos? NADA.


Recuerda que la felicidad se vive en el presente, aquí, respirando, gozando, disfrutando los momentos que en verdad importan, las experiencias que hacen que las cosas valgan, con los pequeños detalles que constantemente nos hacen recordar que estamos vivos, que somos afortunados y que entre millones de estrellas en un universo basto e infinito, nosotros fuimos elegidos para nacer en un planeta que nos ha dado todo, empezando por la vida.


¡Que te valga! Cambio y fuera...


Poncho de Anda.

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